Real Balneario

 

Las aguas termales se hallan situadas en un valle en la margen izquierda del río Tajo, a dos kilómetros aguas arriba del pueblo. Se sabe que los romanos tuvieron asentamiento en Trillo y se aprovechaban de los beneficios de estas aguas. Durante siglos se ofrecieron de modo espontáneo a cuantos las precisaban para su salud y desde antaño sus hervideros servían para curar el cáñamo.

 Son muchos los autores que han escrito sobre las virtudes medicinales de las aguas de Trillo, pero quizá el primer documento impreso sobre estas aguas y su efecto medicinal sea el libro “Espejo cristalino de las aguas de España” escrito por el Doctor y Catedrático en Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares, Alfonso Limón Montero, promovido y publicado por esa misma Institución en el año 1697. Para su trabajo sobre los Baños y las propiedades curativas de las aguas, consultó al entonces médico de Cifuentes, Don Domingo Estevan Vélez, que expuso varios casos de curaciones, entre ellos el de María Juana de Silva y Meneses, hermana del Conde de Cifuentes, y religiosa en el Convento de Nuestra Señora de Belén de esta misma Villa.

El haber hallado alivio en estas aguas algunas personas notables, las hicieron tomar fama, y así en 1770 el Decano del Consejo de Castilla Don Miguel María de Nava, que obtuvo la salud en ellas, influyó en Carlos III para la fundación oficial de los Baños de Trillo. El día 13 de Julio de 1777, S. M. Carlos III dictó una orden que decía así: “Pásese a hacer reconocimiento y análisis formal de las Aguas de Trillo bajo la dirección de D. Miguel María de Nava, que tiene a su cargo las obras que se han construido en aquel paraje en beneficio de los que hubieran de usar de aquel remedio”.

  1. Casimiro Ortega, profesor de botánica del Real Jardín Botánico de Madrid fue el encargado de estudiar la constitución química y propiedades salutíferas de las aguas. Realizó cuatro análisis para averiguar las semejanzas y las diferencias que existían entre los cuatro manantiales conocidos hasta entonces (Baños del Rey, de la Princesa, de la Condesa y de la Piscina), y vio que diferían entre sí más de lo que cabría esperar. Los primeros estudios los realizó en el baño de la Princesa y después de comprobar y observar todas sus propiedades dedujo que se trataba de “agua ligera como las más pura del Universo”.

Los baños se inauguraron en 1778, presidiendo la entrada un busto del Rey Carlos III. Se arreglaron las fuentes así como el edificio para ser hospital, arreglando también el camino procedente de Madrid, jalonando de posadas el mismo. Se hicieron magníficos jardines, paseos, fuentes y se colocaron abundantes asientos de piedra, transformándolo todo en un auténtico paisaje versallesco. Tanto por la excelencia de sus aguas de propiedades antirreumáticas, como por lo paradisíaco del lugar, hizo que desde su fundación fuesen muchas las personas que pasaban el verano y largas temporadas en Trillo. Así en el verano de 1798, tras haber cesado en su puesto de Ministro de Gracia y Justicia, llegó a los baños para descansar de sus responsabilidades de gobierno D. Melchor Gaspar de Jovellanos. En el balneario se representaban obras de teatro (y se escribieron algunas comedias con argumento centrado el los mismos baños), se hacían fiestas continuamente, y la economía local se vio muy favorecida por esta institución.

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